Sánchez Mato: “Nos podemos ahorrar presentarnos a las elecciones si vamos a hacer las mismas políticas que el PP o Ciudadanos”

La izquierda madrileña podría estar representada por cuatro papeletas en mayo; con PSOE, Más Madrid, Podemos y Madrid En Pie. La decisión final queda ahora en manos de la militancia de Izquierda Unida, que ha convocado un referéndum. Usted ha apoyado el acuerdo con Podemos. ¿Cuál es su posición respecto a este dilema que plantea Izquierda Unida?

No es un dilema que plantea Izquierda Unida. La realidad que tenemos de una posible división electoral es muy a pesar de Izquierda Unida, porque siempre hemos defendido procesos de unidad popular y de confluencia. IU nace con esa voluntad, nace con la voluntad de aglutinar el espacio a la izquierda del Partido Socialista. No solamente lo tenemos teorizado, también lo hemos aprobado en asambleas. En la 11ª Asamblea de la organización planteamos nuestra intención de superar las formaciones políticas individuales. Superar no quiere decir que desaparezcan, sino buscar plataformas más amplias que nos hagan no solamente concurrir a los procesos electorales de manera conjunta, sino también luchar y pelear por los derechos de la gente de manera unitaria. Y siempre hemos pretendido eso. No todo el mundo ha estado en esa posición y, a nuestro pesar, hay quienes plantean la unidad popular solamente como confluencia electoral. Nosotros querríamos, queremos y seguiremos queriendo después de las elecciones que vaya más allá, pero no ha sido un problema de Izquierda Unida. En cualquier caso, yo lo que defiendo es que la división, en caso de producirse -que se va a producir entre formaciones políticas a la izquierda del PSOE-, sea la menor posible.

¿Por qué? Porque lógicamente a la gente ahí fuera, la gente precarizada, afectada por recortes, con situaciones duras desde el punto de vista social y económico, les importa muy poquito nuestras disputas internas por cosas más o menos importantes. No digo que no tengan importancia, como los puestos electorales en una candidatura o determinados detalles programáticos. Lo que le importa a la gente es que arreglemos sus problemas y que planteemos alternativas. Ese tipo de situación para mí es prioritaria. Creo que hay que tener presencia en las instituciones, creo que hemos llegado a un acuerdo que fue refrendado por la mayoría de la militancia de Izquierda Unida a nivel federal, que era concurrir con Podemos a esas próximas convocatorias electorales, y en esa línea yo defiendo lo mismo para Madrid. Pero evidentemente el acuerdo, o el preacuerdo que ahora mismo tenemos encima de la mesa y que ha planteado Podemos, es manifiestamente mejorable. A IU le hubiera gustado que fuera sometido a aprobación un acuerdo en mejores condiciones. Pero en todo caso eso no es lo importante. Lo más importante es evitar fraccionar aun más el espacio político de la izquierda. Y además, concurrir para ganar.

Habla de “plataformas más amplias”. Eso recuerda también a Más Madrid…

En absoluto pretendía decir eso. Cuando hablo de «plataformas» estaba refiriéndome a procesos de unidad popular lo más amplios posibles. Evidentemente, el actor más importante que tenemos en nuestro entorno es Podemos, que es un socio y un aliado privilegiado, pero no es el único.

Un mismo discurso de “plataformas de unidad popular” se puede plantear de dos formas distintas, como son la de Más Madrid o la de Madrid En Pie. ¿Qué diferencia a estos proyectos?

La diferencia es que hay gente que lo que decide es crear, lo que llamamos en lenguaje coloquial, un “barquito” para buscar una solución individual. Son procesos personalistas, individuales e individualistas que evidentemente no responden a ese criterio al que yo hacía referencia. Buscar procesos de unidad popular no pasa por fraccionar previamente los espacios en los que uno participa, sino por buscar un lugar de encuentro más allá de las propias organizaciones a las que uno pertenece: no dinamitar la organización o hacer transfuguismo para luego decir que los demás tienen que venir a tu organización. Eso no son procesos de unidad popular; son procesos muy clásicos, muy usados y muy negativos para la izquierda.

Teniendo en cuenta todos los procesos de negociaciones que hemos vivido desde 2016 entre IU y Podemos, donde la formación morada siempre ha querido prevalecer su marca, ¿vería posible que se integraran en una candidatura más allá de siglas?

No, no es un tema de que “no haya siglas”. En ningún caso los procesos de unidad y de confluencia, que yo entiendo que pueden ser exitosos, pasan por la anulación de las partes. No es que no haya siglas: puede haber siglas, no hay ningún problema de siglas. Lo que ocurre es que todas las siglas y toda la gente que pueda participar en los procesos de confluencia, para que estos sean exitosos, deben sentirse reconocibles dentro de la confluencia. Pero no solamente va en cuestión de logotipos, colores o siglas; sino también de procesos programáticos y de cómo se hacen las campañas electorales. Ese tipo de cosas tienen que ver con una voluntad de verdad de trabajar de manera conjunta, contra una voluntad de sojuzgar que no va a ninguna parte. Parece evidente que cuando la gente no se siente reconocida en el sujeto político que se intenta hacer como confluencia, no lo considera herramienta válida y por tanto no participa. La forma de hacerlo es con un reconocimiento de todas las partes, cada una en la dimensión que tiene. La mejor forma de medir la fuerza que cada uno tiene en un espacio amplio es que haya herramientas de democracia radical y participación sin miedo en esos espacios. Eso es lo que tenemos teorizado en Izquierda Unida desde hace tiempo y esperemos que, antes o después -aunque hasta ahora no ha sido así-, logre abrirse camino. No es un tema que haya dicho solamente IU; es algo que entra dentro de los elementos de sentido común a la hora de abordar la nueva situación.

Si finalmente IU no alcanza un acuerdo con Podemos en la Comunidad de Madrid, ¿cómo plantean la brecha electoral del 5%, si finalmente no se alcanzara?

Creo que siempre es más complicado alcanzar los objetivos, desde el punto de vista de votos, si se fracciona el espacio político. Yo confío en que, más allá del resultado del referéndum –respetaremos, por supuesto, lo que la militancia diga-, hasta el último día, hasta el último segundo que sea posible, desde el punto de vista de la confrontación electoral, muchos y muchas estaremos intentando que haya acuerdo, no sólo con Podemos sino también con el resto de actores políticos a la izquierda del PSOE; con los que coincidimos en los ejes programáticos fundamentales. No somos las mismas organizaciones políticas, por tanto, tenemos diferencias. Pero esa heterogeneidad hay que verla como riqueza, no como un elemento negativo. Y lo que habrá que intentar es, hasta el último segundo -todavía queda un mes-, conseguir que esa confluencia se produzca.

¿No descarta una confluencia además con los proyectos de Íñigo Errejón y Manuela Carmena?

Hay diferencias programáticas importantes, entonces ahí lo veo muchísimo más complicado. Lo veo más complicado porque, además de existir esas diferencias programáticas importantes, no ha habido voluntad ninguna por parte de Manuela Carmena ni de Íñigo Errejón para poder llegar a acuerdos con el resto del espacio político. Más bien, ha habido un abandono del espacio político. Es difícil que se pueda llegar a un acuerdo porque no han querido.

Retiró su candidatura a las primarias de IU Madrid para las Elecciones Generales pensando “en lo mejor para el proyecto colectivo”. Ha recibido llamadas desde el partido pidiéndole que «reconsiderara» su postura porque entendía que su candidatura “generaba consecuencias negativas para IU”. ¿Quién le llamó?

Ya lo expresé. Tuve diferentes llamadas por parte de gente a la que valoro, aprecio y quiero mucho en mi organización política. Yo respondía en concreto a una petición de mi coordinador federal, mi compañero y amigo Alberto Garzón.

Su incorporación al equipo de Unidas Podemos-Adelante Granada…

Esas son, en este caso, interpretaciones. Yo cada semana tengo tres o cuatro actos. Esta tarde voy a Alcalá de Henares a apoyar a los compañeros y compañeras de allí, mañana voy a Parla y pasado mañana voy a León. Voy con la sana intención de, aparte de exponer una propuesta política, apoyar y ayudar a las candidaturas de unidad popular en los tres casos que se van a poner en marcha en el pleno municipal en breve.

En ninguno de los casos me incorporo a la candidatura de Alcalá ni Granada. Simplemente echo una mano, todas las que puedo, a muchos municipios que me piden ayuda. Yo humildemente hago todo lo que puedo dentro de mis limitadas posibilidades de agenda. Y con las compañeras y compañeros de Granada tengo una estrecha colaboración. He opinado por escrito y les he mandado algunas ideas que están utilizando y estoy a su disposición como a la de tantos y tantos compañeros que me lo piden.

Es decir, ¿hablamos de colaboraciones puntuales?

Yo vivo en Madrid, soy concejal presidente del Distrito de Vicálvaro y de Latina, tengo la responsabilidad de Economía en Izquierda Unida y en calidad de esas responsabilidades en IU apoyo a todos mis compañeros y compañeras en todo el Estado. No es en exclusiva con nadie ni voy a ir a la candidatura de Granada, ni nada por el estilo.

Carmena le achacó una “falta enorme de coincidencia en el proyecto” y le cesó porque apostaba por la “confrontación política por la confrontación política”. Ha tenido discrepancias con la gestión de la alcaldesa, principalmente con la Operación Chamartín. Ahora Madrid agrupa concejales de diferentes sensibilidades. ¿Cómo se están coordinando en estos últimos meses de legislatura?

Había y hay una heterogeneidad en el espacio de la izquierda que, como antes decía, para mí es síntoma de riqueza en Ahora Madrid. Hay una enorme riqueza de planteamientos dentro de la candidatura de Ahora Madrid, pero todos coincidíamos en elementos programáticos básicos que, por ejemplo, cristalizaban en materia urbanística en la firma de un pacto contra la especulación y por el modelo de ciudad que se firmó en 2015. Lo que hemos hecho algunos y algunas es defender el programa con el que llegamos al Gobierno, no cambiar de opinión. Si eso se entiende por parte de algunos como “confrontación”, yo discrepo humildemente. Lo que estamos haciendo es defender el programa con el cual llegamos a los despachos en los que estamos. Y defender el programa supone no modificar tus pautas de comportamiento y tu posición ante operaciones urbanísticas como la de Chamartín o procesos económicos de austericidio y de exigencia de recortes por parte del Ministerio de Hacienda. Si vamos a hacer las mismas políticas que el Partido Popular o Ciudadanos, nos podemos ahorrar presentarnos a las elecciones, que las hagan ellos.

Nosotros venimos y vinimos a hacer otra cosa y los que hayan querido cambiar de posición son los que lo tienen que explicar. Yo entiendo que eso no es “confrontar”, es defender tus posiciones políticas. No las individuales, sino las colectivas. Porque son las que fueron aprobadas por las bases de Ahora Madrid. En cualquier caso, también tengo que decir que la confrontación es algo muy sano en política. La confrontación lógicamente teniendo en cuenta los parámetros mínimos de respeto al adversario. Pero es que hay políticas diferentes. No podemos contentar a todos porque cuando decidimos actuar de una determinada manera en políticas municipales, estamos alimentando unas expectativas y desestimando otras. Y eso lógicamente supone confrontar. Confrontas cuando decides tener una determinada política de movilidad, porque no todo el mundo está conforme con eso. También cuando decides hacer una política presupuestaria, y exactamente así en todos los ámbitos de la vida. Confrontar no es malo, lo que hay que hacer es defender los intereses generales, y defender los intereses generales creo que es lo que humildemente me ha caracterizado.

¿Qué puede hacer el Ayuntamiento para impedir desahucios como el de Argumosa?

Muchas cosas, muchas cosas más podríamos haber hecho. Hemos hecho cosas pero evidentemente no han sido suficientes. Ni muchísimo menos podemos considerar colmadas las aspiraciones de la sociedad madrileña. Es un problema del cual no tenemos competencia para poder actuar; la vivienda es competencia de la Comunidad de Madrid. Aun así, el Ayuntamiento tiene la obligación, aunque solo sea subsidiaria, de atender necesidades de emergencia enorme que existen. Hay ahora mismo más de 21.000 solicitudes de vivienda de gente en especial situación de vulnerabilidad que no tenemos capacidad de atender. Hemos iniciado la construcción de poco más de 2.000 viviendas. Lógicamente, son demasiadas pocas viviendas para poder solventar el problema que existe. No tenemos competencia, pero tenemos una obligación que no es legal pero sí es moral y además es política. Por lo tanto, deberíamos haber hecho más y debemos hacer mucho más en el futuro.

El Ayuntamiento llevará al Pleno el plan para regular los pisos turísticos. El Consistorio calcula que esta medida impedirá obtener la licencia necesaria al 95% de las viviendas. ¿Qué consecuencias se esperan?

El reglamento se ha aprobado esta mañana. Había enmiendas encima de la mesa; desconozco por ahora las que se han aprobado en Comisión y hasta la semana que viene no va a tener lugar el Pleno. Hasta el momento del Pleno se podrán realizar modificaciones.

Hay elementos que están claros sobre la mesa por parte del gobierno municipal, que tienen que ver con la necesidad imperiosa de regular ese tipo de actividad. Regularla supone poner normas y dejar claro que hay determinados elementos que tienen que ver con que haya una cierta independencia de las viviendas de uso turístico a la hora de los accesos y de las evacuaciones, por ejemplo. Ese tipo de cosas, lógicamente lo que intentan es proteger, no solamente a los usuarios de los pisos turísticos, sino también a los vecinos y vecinas de las viviendas que conviven con una actividad económica.

Ese tipo de situaciones son las que hay que ser capaces de conciliar para que no se produzcan distorsiones en el uso de muchas viviendas en determinados barrios de Madrid que la convierta más en un parque turístico que en una zona residencial.