División en la izquierda y la derecha. ¿A quién beneficia?

La irrupción de Vox en las pasadas elecciones andaluzas nos hace proyectar un escenario de mínimo cinco fuerzas políticas relevantes para las elecciones, tanto autonómicas y municipales como para las generales. Teniendo en cuenta este factor, ¿cuáles pueden ser algunos de los efectos no previstos en el sistema de partidos?

Manifestación por la unidad de España en la Plaza de Colón

Ante la fragmentación política podemos plantearnos dos casos. El primero, un escenario en el que la división electoral sea beneficiosa para el conjunto de los actores ubicados en un determinado espectro ideológico. El segundo, un escenario en el que esta fragmentación sea perjudicial.

Tomando como ejemplo la irrupción de Vox en la esfera política, podemos plantear que en consecuencia del aumento de opciones ubicadas a la derecha, el conjunto de los votantes posicionados ideológicamente en torno a este lado del clivaje tenderán más hacia la identificación con alguno de los actores partidistas y menos a la abstención, maximizándose así los votos conservadores como ocurrió en Andalucía en diciembre.

Sin embargo, esta hipótesis de ‘a mayor número de fuerzas, mayor número de votos’, puede refutarse por distintos factores, que solo se pueden entender a través del funcionamiento de nuestro sistema electoral. Si obviamos un posible efecto inercia durante las elecciones andaluzas y nos planteamos lo que supone Vox en frío, podemos proyectar que su irrupción como elemento divisor de la derecha española puede perjudicar al conjunto de este espectro ideológico.

Adelantándonos a un ejemplo concreto, cabe la posibilidad de que el Partido Popular, partido al que votaban aproximadamente el 70% de los actuales votantes que se identifican con Vox, pierda parte de su hegemonía en las circunscripciones menos pobladas, y en consecuencia el conjunto de partidos representantes de la derecha pierda en número de escaños aunque su número votos sea cuantitativamente mayor.

Como referencia a este ejemplo, podemos atender a lo que sucedió en las elecciones generales de diciembre de 2015, cuando las fuerzas representantes de la izquierda (PSOE, Podemos e IU) sumaban aproximadamente 11,5 millones de votos, obteniendo 161 escaños frente a los 164 del bloque de la derecha (PP y Ciudadanos) con un millón de votos menos.

Por otro lado, la consolidación de frentes comunes en sistemas multipartidistas no es del todo previsible, ya que entran en juego una alta complejidad de factores difíciles de determinar en un escenario tan volátil como es el español. El ejemplo más claro de ello en nuestra historia reciente estriba en el fracaso electoral de Unidos Podemos en las elecciones de junio de 2016, perdiendo cerca de un millón de votos con respecto a las elecciones celebradas siete meses antes.

Por lo tanto, ¿cuál es la vía que deben mantener los partidos políticos para maximizar su representación parlamentaria? No existe una respuesta evidente. Sin embargo, no cabe duda de que la lucha por la transversalidad se juega en múltiples frentes y que esta tiene como fin último la articulación de intereses dispares en una suerte de noción colectiva común, la cual no debe perderse nunca de vista por parte de los actores partidistas.